Hubo un tiempo en el que subir en ascensor no era tan rápido ni tan cómodo como ahora. En los años 20, muchos rascacielos estadounidenses empezaron a incorporar música en sus cabinas para que el viaje resultara menos incómodo. De ahí nació una idea que acabaría teniendo nombre propio: Muzak.
Hoy estamos acostumbrados a entrar en un ascensor, pulsar un botón y llegar a nuestro destino en cuestión de segundos. Pero a principios del siglo XX la experiencia era muy distinta. Los trayectos podían hacerse largos, las cabinas eran más lentas y muchas personas sentían cierta inquietud al verse encerradas en un espacio pequeño, sin ventanas y suspendido entre plantas.
No es extraño que, en algunos ascensores de la época, incluso se instalaran bancos. Subir a las plantas más altas de un edificio no siempre era cuestión de unos pocos segundos. A veces el viaje daba para sentarse, esperar… y mirar al suelo con paciencia.
Cuando la música ayudó a perder el miedo al ascensor
La música dentro de los ascensores no apareció por casualidad. Tenía una función muy clara: llenar el silencio. Ese silencio que, en una cabina cerrada, podía hacerse incómodo. Más todavía en una época en la que el ascensor seguía siendo una tecnología relativamente nueva para muchos usuarios.
Escuchar una melodía suave ayudaba a distraerse, a reducir la sensación de encierro y a hacer que el trayecto pareciera más corto. No cambiaba la velocidad del ascensor, claro, pero sí cambiaba la percepción del viaje. Y eso, en esa época, era muy importante.
Porque para que los grandes edificios pudieran crecer en altura, también era necesario que la gente confiara en los ascensores. No bastaba con que fueran seguros. También tenían que parecerlo. Así que la música ambiental jugó el papel de acompañar al usuario y hacer que aquel pequeño espacio resultara un poco menos frío.
De los rascacielos a tiendas, hoteles y aeropuertos
El primer gran proveedor de este tipo de música ambiental fue Muzak Holdings LLC, una empresa fundada en Estados Unidos a principios del siglo XX. Creó melodías pensadas para escucharse de fondo. Música agradable, sin sobresaltos, a un volumen suave y sin demasiada presencia. No se trataba de canciones para que la gente las cantase, ni de piezas pensadas para llamar la atención.

Logotipo de Muzak Holdings LLC
La idea era que acompañaran sin molestar. Así que el nombre Muzak acabó siendo tan popular que, durante mucho tiempo, se utilizó casi como sinónimo de música de ascensor o música ambiental. Incluso su eslogan de mediados del siglo XX tenía bastante intención: Muzak fills the deadly silences (Muzak llena los silencios mortales).
Con el tiempo, aquella música dejó de estar solo en los ascensores. Empezó a escucharse también en:
- Tiendas
- Hoteles
- Fábricas
- Aeropuertos
- Supermercados
- Centros comerciales
- Estaciones de metro
Y el objetivo fue parecido: crear un ambiente tranquilo, calmar al visitante e incluso influir en la forma en la que una persona se comportaba dentro de un espacio.
En una tienda, por ejemplo, puede hacer que caminemos más despacio… o más deprisa. Dentro de un hotel, puede transmitir paz. Y en una sala de espera puede ayudarnos a tener más paciencia. Durante décadas, incluso se llegó a utilizar en fábricas para intentar mejorar el ritmo de trabajo.
¿Qué queda hoy de aquella música ambiental?
Hoy ya no es tan habitual escuchar música dentro de un ascensor. Al menos, no en una comunidad de vecinos o en un edificio moderno de uso diario. Los ascensores actuales son mucho más rápidos, seguros, silenciosos y confortables. Además, las personas entramos y salimos casi sin pensar. El viaje es tan breve que muchas veces no daría tiempo ni a reconocer la melodía.
Aun así, la idea sigue viva en muchos otros espacios. A veces la notamos, otras veces no, pero suele estar ahí, ayudando a construir una sensación en quien la escucha. Tal vez Muzak ya no sea tan visible como antes, aunque su influencia sigue formando parte de la experiencia de usuario en muchos lugares.
Si te acuerdas, haz una prueba. La próxima vez que escuches música de fondo en un ascensor, una tienda o una sala de espera, prueba a detenerte un segundo. ¿Te sentirías igual si ese espacio estuviera completamente en silencio? Seguramente no.
Esa, precisamente, fue siempre la gran idea de Muzak: hacer que un lugar resultara un poco más agradable sin que apenas nos diéramos cuenta.