De toda la vida, para saber qué le ocurría a un ascensor había que estar delante de él. Si se producía una avería, el técnico acudía al edificio, realizaba las comprobaciones necesarias y comenzaba a buscar el origen del problema.
Hoy, en determinados ascensores conectados, una parte de ese diagnóstico puede empezar mucho antes de que el técnico llegue ni tan siquiera al portal.
La conectividad permite que algunos equipos envíen información sobre su funcionamiento de forma remota. Esto no significa, ni mucho menos, que el ascensor pueda mantenerse desde una oficina ni que la tecnología sustituya a las revisiones y el trabajo presencial de los técnicos. Significa que la empresa mantenedora puede disponer de más información para conocer qué ocurre y cómo se comporta una instalación.
Aquí entra en juego el llamado IoT (Internet of Things o Internet de las Cosas), una tecnología que permite que máquinas, sensores y dispositivos estén conectados y puedan enviar datos sobre su funcionamiento. Aplicado al sector de la elevación, hace posible que determinados ascensores comuniquen información de forma automática a los sistemas utilizados por la empresa mantenedora.
¿Qué puede contar un ascensor conectado?
Un sistema conectado puede llegar a proporcionar datos como el número de viajes realizados, las horas de funcionamiento, la posición de la cabina, determinados códigos de error, el estado de algunos componentes o las incidencias registradas.
Por otro lado, también puede aportar información especialmente interesante sobre uno de los elementos que más trabaja en cualquier ascensor: las puertas.
Pensemos en todo lo que ocurre cada vez que utilizamos un elevador. La cabina llega a planta, se detiene, las puertas se abren, permanecen abiertas durante unos segundos, se cierran y el ascensor vuelve a ponerse en marcha. En un edificio con mucho tránsito, esta secuencia puede repetirse cientos de veces al día.
Registrar los ciclos de apertura y cierre, sus tiempos o determinados errores nos permite conocer mucho mejor cómo están trabajando las puertas, detectando cualquier comportamiento extraño que se tenga que revisar.
Lo mismo sucede con otros parámetros que, dependiendo de la instalación, puedan ser también monitorizados: temperaturas, funcionamiento de determinados elementos electrónicos, eventos de seguridad, interrupciones del servicio o errores que se repiten con cierta frecuencia.

No es lo mismo saber que ha ocurrido algo que saber cómo ha ocurrido
Imaginemos que un ascensor registra una incidencia relacionada con sus puertas. En una instalación convencional, el aviso puede producirse cuando el problema ya está afectando al servicio. Pero en un ascensor conectado, el mantenedor puede disponer previamente de información sobre el evento registrado.
Dependiendo del sistema, además, se puede conocer qué errores se produjeron antes, si se han repetido durante los últimos días o en qué circunstancias aparecen. Y todo esto cambia bastante la forma de enfrentarse a una incidencia.
En este caso, el técnico sigue siendo quien tiene que interpretar lo que ocurre y, cuando es necesario, acudir a la instalación. Pero ya no parte de cero. Además, la información histórica permite descubrir cuáles son las tendencias de la máquina.
De hecho, un componente puede seguir funcionando y, sin embargo, empezar a comportarse de manera diferente. Un determinado error puede aparecer cada vez con mayor frecuencia. Una temperatura puede presentar valores anómalos respecto a los habituales. Y todos esos datos nos resultan especialmente útiles.
Monitorización remota y mantenimiento predictivo no son lo mismo
Es habitual utilizar ambos conceptos como si fueran equivalentes, pero no lo son.
La monitorización remota consiste, de forma simplificada, en poder conocer a distancia determinados datos o estados del ascensor. Saber, por ejemplo, que se ha producido un error, consultar ciertos parámetros de funcionamiento o comprobar el historial de eventos de una instalación. Es decir, el sistema nos ayuda a responder preguntas del tipo:
¿Qué está ocurriendo? ¿Qué ha ocurrido? ¿Cuándo ha ocurrido?
El mantenimiento predictivo no se trata únicamente de recoger información, sino de analizar los datos acumulados para intentar identificar patrones que puedan indicar una degradación o un posible problema futuro.
En este caso, la pregunta sería… ¿Qué nos dicen estos datos sobre lo que podría ocurrir próximamente?
Para conseguirlo se necesitan suficientes datos, sistemas capaces de analizarlos y, sobre todo, conocimiento técnico para interpretarlos correctamente. Porque cuando se detecta una anomalía no significa necesariamente que vaya a producirse una avería. El contexto importa, y mucho.
Un ascensor genera datos, pero el conocimiento sigue siendo fundamental
La tecnología puede detectar que un parámetro se está desviando de su comportamiento habitual. Puede registrar que un error aparece con más frecuencia o que determinados ciclos están tardando más de lo esperado. Pero siempre tiene que haber alguien que interprete esa información.
Un técnico de ascensor conoce las particularidades de las instalaciones, sabe qué síntomas pueden estar relacionados entre sí y puede determinar cuándo un dato requiere una intervención y cuándo forma parte del funcionamiento normal del equipo. Por eso, el mantenimiento conectado no consiste simplemente en instalar sensores y recibir alertas. Los datos siempre se deben combinar con el conocimiento técnico.

¿Significa esto que el técnico tendrá que acudir menos al edificio?
No necesariamente. La conectividad no elimina el mantenimiento presencial ni las inspecciones, comprobaciones e intervenciones que deben realizarse físicamente en la instalación. Un sensor puede aportar información sobre el funcionamiento de un componente, pero hay trabajos que solo pueden realizarse sobre el propio ascensor.
Lo que sí puede cambiar es la información disponible antes de una intervención.
Si un técnico conoce de antemano determinados errores, su frecuencia o el comportamiento previo del equipo, puede llegar al edificio con una idea mucho más precisa de qué es lo que debe comprobar.
La tecnología, por tanto, no sustituye al mantenedor. Le proporciona más información para hacer mejor su trabajo.
El ascensor puede empezar a avisar antes que el usuario
Durante mucho tiempo, una de las principales fuentes de información sobre una avería eran los vecinos del inmueble.
Poco a poco, los ascensores conectados están cambiando esa situación.
Ahora, determinados equipos pueden comunicar eventos, errores y parámetros de funcionamiento automáticamente. Y el análisis de esos datos abre la puerta a detectar comportamientos anómalos incluso antes de que sean evidentes para quienes utilizan el ascensor todos los días. Ese es uno de los grandes avances de la digitalización aplicada al mantenimiento.
Así que no se trata solo de tener ascensores conectados a Internet ni de acumular millones de datos. Se trata de conseguir que esos datos sirvan para conocer mejor cada instalación, facilitar el trabajo de los técnicos y anticiparse, cuando sea posible, a los problemas antes de que terminen afectando al usuario.
Porque el verdadero salto tecnológico no consiste en que un ascensor pueda enviar información. Consiste en saber qué debemos hacer con ella.