Los ascensores los usamos todos los días: en casa, en el trabajo, en el hospital, en un centro comercial, en una estación… Entramos, pulsamos el botón y esperamos que todo funcione. Que las puertas abran bien, que la cabina llegue nivelada, que no haya ruidos raros, que el viaje sea suave y que si ocurre una avería, alguien venga rápido a solucionarla.
Pero detrás de ese gesto tan cotidiano hay un trabajo técnico muy especializado y que cada vez es más escaso: los técnicos de ascensores.
El sector de la elevación lleva tiempo avisando que cuesta encontrar a profesionales cualificados. FEEDA calcula que el sector necesita incorporar cerca de 1.300 técnicos de mantenimiento cada año para atender el crecimiento del parque de ascensores y el relevo generacional.
España, un país que vive en vertical
España es uno de los países donde más se utiliza el ascensor. De hecho, muchas personas residen en comunidades de vecinos. Muchos edificios antiguos se están adaptando para mejorar la accesibilidad y cada vez damos más importancia a que una vivienda, una oficina o un espacio público pueda ser utilizado por cualquier persona, independientemente de su edad y de la movilidad que tenga.
Nuestro país se sitúa por encima de los 1,16 millones de ascensores instalados, siendo el más amplio de Europa, y cifrando el empleo directo del sector en más de 20.700 profesionales. Por lo que miles de comunidades dependen cada día de que su ascensor funcione.
Para una persona joven quizá una avería es solo una molestia. Pero para una persona mayor, alguien que va con un carrito de bebé o un vecino con movilidad reducida, puede ser un problema insalvable. A veces, incluso, significa el no poder salir de casa con normalidad.
Por eso, cuando hablamos de ascensores, hablamos de autonomía, seguridad y calidad de vida.

Un oficio técnico que exige mucho más de lo que parece
Los técnicos de ascensores trabajan con sistemas mecánicos, eléctricos y electrónicos. Revisan componentes de seguridad, puertas, cuadros de maniobra, cables, motores, poleas, elementos de comunicación, sensores, sistemas hidráulicos y muchas otras partes que deben funcionar de forma coordinada.
Además, cada edificio es un mundo. No es lo mismo intervenir en un ascensor antiguo de una comunidad pequeña que en una instalación moderna de un edificio de oficinas. Tampoco es igual hacer mantenimiento preventivo, atender una avería urgente o participar en una modernización completa del equipo.
A todo esto se suma la seguridad. Porque un ascensor debe ser cómodo, eficiente, silencioso y accesible. Pero, por encima de todo, debe ser seguro. Y para eso no basta con mirar si se desplaza correctamente. Hay que revisar, medir, comprobar, anticiparse y saber detectar señales antes de que se conviertan en un problema.
La normativa también ha reforzado la importancia del mantenimiento y la inspección. En España, el Real Decreto 355/2024 aprobó la ITC AEM 1, que regula la puesta en servicio, modificación, mantenimiento e inspección de ascensores, además de medidas para incrementar la seguridad de los ascensores que ya existen.
¿Por qué faltan profesionales?
La falta de técnicos de ascensores no se explica por una sola causa.
Por un lado, no hay relevo generacional. Muchos profesionales con años de experiencia se acercan a la jubilación y no siempre hay suficientes jóvenes preparados para ocupar su lugar.
Por otro, los oficios técnicos han perdido visibilidad durante mucho tiempo. Se ha hablado mucho de carreras universitarias, trabajos de oficina y profesiones dedicados al mundo digital, pero no siempre se ha explicado bien el valor de la formación profesional y de los trabajos industriales especializados.
Sin embargo, hay muchas oportunidades en este tipo de formación. La actividad relacionada con mantenimiento, modernización, accesibilidad y seguridad sigue teniendo mucho peso. De hecho, el sector alcanzó en 2025 una actividad de 3.611 millones de euros, con un crecimiento del 3,54% respecto al año anterior.
Pero para que todo eso funcione, sí o sí hacen falta personas formadas, que conozcan el oficio y que sean capaces de trabajar con responsabilidad y atención al detalle.

La tecnología no sustituye al buen profesional
Los ascensores actuales son cada vez más eficientes, con soluciones conectadas, mejores diagnósticos, sensores, comunicaciones más rápidas y herramientas que ayudan a detectar incidencias antes de que el usuario note nada.
Pero la tecnología, por sí sola, no mantiene un ascensor. Puede avisar, medir, registrar datos y facilitar el trabajo. Pero detrás sigue haciendo falta una persona que interprete lo que ocurre, revise la instalación, tome decisiones y actúe.
Los técnicos de ascensores no son solo quienes acuden cuando el ascensor se para. También son quienes:
- Ayudan a que no se pare.
- Revisan antes de que aparezca la avería.
- Conocen el historial de una instalación.
- Saben cuándo una pieza empieza a dar señales de desgaste.
Y, sobre todo, quienes entienden que, detrás de cada aviso, hay una comunidad, una empresa o una persona que necesita seguir con su día.
Por eso, la falta de técnicos de ascensores no es solo un problema de las empresas del sector. También afecta a comunidades de vecinos, administradores de fincas, edificios públicos, hospitales, oficinas, comercios y, en realidad, a cualquier persona que utiliza un ascensor a diario…
… Y en Inelsa Zener lo sabemos bien. Detrás de cada instalación, de cada revisión y de cada aviso hay profesionales que conocen su trabajo y que entienden la importancia de hacerlo bien.
Porque cuando un ascensor funciona, casi nadie se acuerda de él, y esa es la mejor señal de que detrás hay un buen trabajo.