Durante años hemos mirado el ascensor como lo que parecía ser: solo una cabina, unos cables, unas puertas y un conjunto de botones formados por flechas y números. Algo para subir, bajar y poco más. Una máquina útil, sí, pero bastante discreta. De esas que solo nos acordamos cuando funcionan mal o, simplemente, no funcionan.

Pero esa manera de ver los ascensores se ha quedado obsoleta. El ascensor moderno ya no es solo un sistema mecánico que mueve personas entre plantas. Es una pieza tecnológica llena de sensores, electrónica, datos, conectividad y sistemas de control que trabajan sin que el usuario se dé cuenta.

Hoy, muchos ascensores ya se parecen más a un dispositivo inteligente que a aquella especie de “caja con cables” que nos imaginábamos todos en nuestra cabeza. Miden, registran, avisan, ajustan su funcionamiento y ayudan a reducir consumos. Y no estamos hablando solo de poner el último grito en pantallas en la cabina. Hablamos de cambiar por completo la forma en la que el edificio se mueve por dentro.

El ascensor que avisa antes de romperse

Uno de los grandes cambios viene del mantenimiento predictivo. Es decir, el ascensor empieza a dar pistas de que algo está pasando antes de fallar.

Hasta ahora, muchas intervenciones llegaban cuando el problema ya estaba ahí. Una puerta que no cerraba bien. Una parada inesperada. Un ruido extraño. Una avería que dejaba a los vecinos sin servicio. El técnico acudía, revisaba la instalación y solucionaba el fallo.

Pero ahora las cosas han cambiado y los ascensores más modernos incorporan sensores capaces de recoger datos de forma constante. Velocidad, vibraciones, temperatura del motor, número de viajes, ciclos de apertura y cierre de puertas, consumo eléctrico, tiempos de respuesta o pequeñas variaciones en la nivelación de la cabina. Todo esto puede parecer poca cosa, pero no lo es.

Si una puerta tarda unos milisegundos más en cerrar de lo habitual, el sistema puede detectarlo. Si aparece una vibración que antes no existía, también. Si una pieza empieza a comportarse de forma irregular, los datos permiten verlo antes de que se convierta en una avería.

Ahí entra la inteligencia artificial y el análisis de datos. El ascensor no “piensa” como una persona, pero sus sistemas pueden comparar patrones, detectar desviaciones y enviar avisos a la empresa de mantenimiento. ¿El resultado? El técnico puede intervenir antes de que el ascensor se detenga.

Y eso, es una gran ventaja para cualquier comunidad de vecinos. Porque no es lo mismo arreglar una pieza cuando empieza a mostrar desgaste que esperar a que falle por completo.

  • Se reducen paradas
  • Se evitan molestias
  • Se mejora la seguridad

 
Inelsa Zener - ascensor inteligente
 

Ascensores que también ayudan a ahorrar energía

Otro punto muy importante es la eficiencia energética. Algunos ascensores modernos pueden recuperar parte de la energía que generan durante su funcionamiento. El concepto es bastante parecido al de los coches híbridos o eléctricos. Cuando un coche frena, puede aprovechar parte de esa energía en lugar de perderla en forma de calor. En un ascensor ocurre algo similar con los sistemas de frenado regenerativo.

Imagina una cabina que baja cargada de personas… o que sube vacía. En determinadas condiciones, el motor no hace el mismo esfuerzo. Al frenar o controlar ese desplazamiento, el sistema puede generar electricidad y devolverla a la red del edificio. En estos casos, el ahorro depende del tipo de ascensor, del uso diario, de la altura del edificio, de la tecnología instalada y del estado general de la instalación.

Pero en edificios con mucho tráfico, este tipo de sistemas pueden ser importantes para ahorrar en el consumo. A esto se suman otros cambios como la iluminación LED en cabina, maniobras más eficientes, motores gearless sin engranajes, variadores de frecuencia para suavizar arranques y paradas, sistemas que reducen el gasto cuando el ascensor está en reposo…

El ascensor, que antes era simplemente un consumidor más dentro del edificio, empieza a comportarse como una máquina mucho más eficaz. Y eso es muy importante. Porque las comunidades cada vez miran más la factura eléctrica. También la sostenibilidad. Y, por supuesto, el coste de mantener una instalación antigua que consume más de lo necesario.

Como ya hemos dicho en anteriores artículos, modernizar un ascensor no siempre significa cambiarlo entero. A veces basta con renovar ciertos componentes para notar una mejora real en comodidad, consumo y fiabilidad.

Botones, pantallas y llamadas desde el móvil

La digitalización también ha llegado a la experiencia del usuario. En estos casos, el cambio se ve nada más entrar en la cabina.

La botonera tradicional sigue existiendo, pero ya convive con pantallas táctiles, indicadores más claros, sistemas multimedia, avisos visuales, información del edificio y llamadas desde el teléfono móvil. Esto último puede llegar a parecernos una tontería, pero no lo es. Poder llamar al ascensor sin tocar botones es cómodo, higiénico y útil. También facilita el uso a quienes tienen movilidad reducida.

La accesibilidad está muy presente en esta nueva generación de ascensores.

  • Botones adaptados
  • Mejor señalización
  • Mensajes acústicos
  • Pantallas con información más visible
  • Sistemas de comunicación bidireccional
  • Puertas más precisas ayudan a que el viaje sea más sencillo para todo tipo de usuarios.

Otro punto interesante es que también cambia la relación entre el ascensor y el edificio. Un ascensor conectado puede integrarse con sistemas de control de accesos, gestión energética, seguridad o mantenimiento remoto. Puede enviar avisos, registrar incidencias y facilitar información útil para tomar decisiones.

En edificios de oficinas, hoteles, hospitales o grandes comunidades, todo esto permite gestionar mejor el tráfico vertical. En viviendas, ayuda a mejorar la comodidad y a reducir problemas antes de que afecten a la vida de los usuarios. En esos casos, el ascensor deja de ser una pieza aislada para empezar a formar parte del edificio inteligente.

El eje vertical de la ciudad que viene

La tecnología aplicada al ascensor es muy necesaria y tiene mucho que ver con que nuestras ciudades envejecen, los edificios se usan durante décadas y cada vez necesitamos soluciones más seguras, accesibles y eficientes. Por eso, un ascensor moderno trabaja con una cantidad enorme de información. Controla su propio funcionamiento, mide su rendimiento y ayuda a que el edificio sea más habitable.

Así que cuando hablamos del futuro de la movilidad urbana, no deberíamos pensar solo en coches eléctricos, patinetes, autobuses o trenes. También deberíamos mirar dentro de nuestros edificios. Porque en una ciudad vertical, el ascensor es una de las piezas más importantes.

Quizá la próxima vez que entres en uno, lo mirarás de otra manera. No como una caja con cables, sino como una pequeña sala de máquinas digital que nos mueve todos los días sin hacer ruido.

El futuro del ascensor no está solo en subir y bajar. Está en hacerlo mejor.